Viaje al interior: de Galicia a Extremadura

Viaje al interior galicia a extremadura

Vértigo. La sensación que me invade nada más despedirme de amigos y familiares, subir al coche, cerrar la puerta y meter la primera es vértigo. El silencio me cubre como una coraza pegajosa, espesa y claustrofóbica, que tiñe mi mente de irrealidad.

La Península está envuelta en una ola de frío y nieve, así que decido evitarme lo peor y dirigirme directamente a Extremadura, donde las previsiones son algo mejores, a través de Portugal. Mientras enfilo la carretera hacia la frontera me pregunto para qué. Por qué estoy haciendo esto. Es lo mismo que me he estado preguntando toda la semana, pero ahora las dudas resurgen con mayor intensidad.

De repente, este espacio de escasos diez metros cuadrados con ruedas se ha convertido en mi casa, y lo será durante varios meses. Las comodidades habituales quedan relegadas. Voy a tener que controlar el consumo de agua y reponerla cada poco, vaciar el depósito del WC, ducharme en un espacio mínimo, lavar los platos con mucho cuidado para no gastar agua y no introducir restos de comida por el fregadero (que después se pudrirían en el depósito), preocuparme por el consumo eléctrico (y consumir sobre todo 12 v), buscar sitios donde lavar la ropa, vigilar el consumo de electricidad de la nevera, enfrentarme al frío y solucionar los problemas que vayan surgiendo y que me pueden dejar tirado en cualquier lugar. Y me pregunto si todo esto es necesario...

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Novela histórica española: tesoros escondidos y dónde encontrarlos (5)

Novela historica espanola tesoros escondidos y donde encontrarlos 5

Ahí afuera, perdidas en la marea de libros que se publican cada año, hay un buen puñado de novelas históricas españolas que acumulan méritos sobrados para estar en boca de todos. Historias de indiscutible calidad a las que el mercado y la voracidad de las novedades no han dado tiempo para llegar a más lectores pero que, sin duda, los merecen.

¿Quiénes mejor que los blogueros literarios, esas curiosas criaturas de curtidas papilas gustativas, para descubrirnos tesoros literarios escondidos?

Por eso, en cada nueva entrega pongo contra las cuerdas a un bloguero y le obligo (con refinadísimas técnicas de tortura que, no insistas, no te voy a desvelar) a que me cuente qué novelas históricas poco conocidas le han parecido realmente buenas y cree que merecen ser mucho más leídas...  

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Viaje al interior: ¡en marcha!

viaje al interior: en marcha

—Estás loco —sentencia mi madre, meneando la cabeza, cuando le digo que me voy de viaje varios meses en una furgoneta—. Si te pasa algo, ¿qué vas a hacer tú solo por esos mundos, con lo inútil que eres?

Mi madre tiene una forma un tanto retorcida de manifestar su cariño, pero no le falta razón: soy un inútil para todo lo práctico, ya sea clavar un clavo o desatascar una tubería.

No, me temo que no exagero. Una vez llevé el coche al taller porque hacía un ruido raro y le dije al mecánico, queriendo hacerme el entendido, que para mí era el carburador, que debía de estar sucio. Afortunadamente, Manolo me conoce desde hace muchos años. Me miró con esa cara de sorna contenida tan suya y me respondió muy serio: «Sí que es curioso, nunca vi que eso le pasara a un diesel». Debió de quedárseme cara de «Pues ya ves», porque puso los ojos en blanco, sin poder contener ya la risa, y remató: «Fran, los diesel no llevan carburador».

A ese nivel de inutilidad me refiero. La culpa la tienen mis hermanos mayores, que —ellos sí— son ambos muy manitas. Si de pequeño se me ocurría tratar de impresionar al mundo arreglando un enchufe o colgando un cuadro (antes de que el mundo se volviera idiota los niños arreglábamos enchufes y colgábamos cuadros), nada más ponerme a la faena aparecían mis hermanos y me espetaban un «Quita de ahí, que tú no sabes» sin apelación posible. Así que terminé por convencerme a mí mismo de mi torpeza... y aprovechándome de ello: todavía hoy, cada vez que tengo un problema doméstico los llamo para que vengan a solucionármelo. Comodísimo.

Por eso se preocupa mi madre: ¿qué va a hacer su hijo inútil por esos mundos si tiene cualquier problema mecánico (o casero, pues La Lagartija es también una casa, con tuberías, sistema eléctrico, electrodomésticos, desagües y demás extraños artilugios que nos hacen la vida más cómoda), cómo va a solucionarlo él solo?

La miro muy seriamente y le respondo:

—¡Pero mamá, tengo cincuenta y tres años!

El argumento es sólido, aunque nunca fue suficiente para convencer a ninguna madre. Y menos a una que, a sus ochenta y ocho años, sigue siendo una fuerza de la naturaleza. En efecto: no la tranquilizo en absoluto, pero como nos conocemos desde hace tiempo sabe que cuando se me mete algo en la cabeza no hay quien me haga desistir. Está acostumbrada a que su hijo inútil, que también es su hijo rebelde, haga siempre lo que llama —elevando los ojos al cielo, por aquello del dramatismo—, «sus locuras», con lo que básicamente se refiere a todo aquello que no encaja en lo que a ella le gustaría que hiciese, «lo que hace la gente normal» (como dedicarme a escribir, no tener hijos o ni tan siquiera una pareja estable. Dónde se habrá visto). 

Sin embargo, aunque nunca se lo confesaré (y afortunadamente sigue pensando que Internet es un invento diabólico), mi madre tiene razón: no las tengo todas conmigo. Y ese es otro de los motivos que me impulsan a hacer este viaje.

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«Vagabundo en África», de Javier Reverte: un viaje a la fascinación y el horror

Portada de Vagabundo en Africa de Javier Reverte

Cada vez me atraen más los libros de viajes. En cierta forma, un buen libro de viajes es mejor que viajar: te permite descubrir la fascinación de otros mundos sin sufrir las incomodidades, los mosquitos, el frío o el temor que suelen acompañar a los viajes de verdad. ¿A quién no le gusta recorrer el mundo desde el sofá de su casa?

Claro que para que el viaje sea provechoso es necesario que nuestro guía sepa lo que se hace. Que mantenga los ojos bien abiertos. Que sea capaz de seleccionar, de entre todas sus vivencias, aquellas que desnudan el alma de un país, de una ciudad, de unas gentes. Que sea testigo y no juez. Que consiga transmitir las palpitaciones de la vida a través del papel. 

No es fácil. En una novela el escritor construye un mundo. Incluso en las novelas históricas, que han de ceñirse a unos hechos, la mirada del escritor es libre de fijarse donde quiere o de reinterpretar lo sucedido para que se ajuste a su visión del mundo. No hay testigos, así que todo son interpretaciones. En un libro de viajes, sin embargo, al menos si pretende retratar un pueblo o un país, el autor ha de seleccionar con mucho cuidado lo que cuenta para que refleje la esencia de los lugares visitados.

Javier Reverte es un viajero incansable y, probablemente, el autor de libros de viajes más (re) conocido de nuestro país. De él solo había leído, hace varios años, La aventura de viajar, una reflexión personal sobre la vida viajera que me dejó un tanto frío y que casi consiguió que no me animara con el libro que hoy te comento. Casi. Menos mal que no lo consiguió.

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Mejores páginas para descargar o escuchar audiolibros

Mejores paginas para escuchar o descargar audiolibros

Los audiolibros están de moda. Cada vez hay más páginas que nos permiten descargar o escuchar audiolibros, ya sea adquiriéndolos uno a uno o mediante suscripciones mensuales.

Y menos mal, porque mira que nos gusta que nos cuenten historias. Supongo que es algo atávico, una herencia de esos miles de años que nos pasamos de un lado para otro con una lanza en la mano y contemplando el fuego como si fuera la mejor serie de televisión actual.

Esas cosas se quedan por ahí, en alguna parte. Esperando a que aparezcan los teléfonos inteligentes, los auriculares y la manía de ir a correr en mallas por la calle como si no hubiera un mañana.

Porque sí: los audiolibros son estupendos para ir a correr, para entretenerte mientras preparas la comida o para sacar a pasear al perro. Hace seis meses casi no había opciones interesantes en España, pero en el último medio año el panorama ha cambiado de forma radical. ¡Ya era hora!

¿Te gustan que te cuenten historias? Pues aquí tienes las principales alternativas para escuchar o descargar audiolibros. Por supuesto, de forma legal y con voz humana. Audiolibros de calidad, no con esas voces robóticas que darían miedo a la novia de Frankenstein...

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