Punto final, ahora comienza lo duro

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Ya está. Acabo de poner el punto final a una novela. Disculpadme si no os doy más datos por el momento, será que los años me van haciendo prudente (o que no quiero meter la pata, como ya expliqué aquí), pero prefiero no adelantar detalles hasta que tenga la certeza de que este nuevo trabajo llegará a vosotros. Espero que sea así, claro, y que no tarde demasiado, pero mejor no precipitarse, que nunca se sabe. Eso sí: estoy seguro de que os va a sorprender, sobre todo a los que sois lectores de mis anteriores novelas. Mucho.

Carretera invernal

No, no os voy a decir por qué, solo que escribirla ha supuesto un reto que me ha permitido recuperar esa sensación de frescor, esa intensidad que con frecuencia se queda en el camino del hábito. Y, además, con récord incluido: es la novela que más rápido he escrito, y con mucha diferencia. ¡Seis meses!

Ya, para muchos escritores seis meses pueden ser incluso excesivos, que los hay que se ventilan una novela en uno o dos meses, pero en mi caso, habituado a estar años con la misma historia, es de una brevedad insultante (por agravio comparativo con las anteriores novelas, quiero decir: ¡espero que no se lo tomen a mal!). Eso sí, han sido seis meses viviendo en otro planeta, como ya os comenté, dándole vueltas en la cabeza las veinticuatro horas del día a personajes, tramas, escenarios y conflictos, atrapado por una historia que me ha tenido en vilo. 

Hasta ahora. Una vez más, punto final. Doy vueltas de una habitación a otra de la casa con la sensación de que he perdido algo, buscando a Laro o a Bran, preguntándome dónde se han metido, hasta que recuerdo que se han ido de casa. Miserables. Otros que me abandonan. Otros más que se largan con viento fresco. ¡Con todo lo que he hecho por ellos! Y ni siquiera es eso lo peor, qué va: si quieren largarse, que se vayan, no seré yo el que llore por ellos.

Lo peor es que no sé qué tal les irá. A ver, comprendedme: los he criado desde que no eran más que ideas confusas, simples proyectos de futuro, y ahora que se han hecho mayores y se disponen a vivir sus propias vidas no puedo menos que preguntarme si sabrán defenderse solos por esos mundos. Si les habré dotado de las herramientas necesarias para salir airosos, si sabrán hacer amigos, disfrutar de la vida y esas cosas. Hasta ahora los pobres apenas han salido de casa, nadie les conoce, así que no tengo ni idea de cómo se comportarán.

Me preocupa, claro, cómo no. En estos momentos están tratando de seducir a sus primeros lectores, que son siempre los más importantes, los que van a marcar su futuro. ¿Cómo queréis que esté tranquilo? ¡Con el frío que hace ahí afuera!...

En fin, os mantendré informados.

 

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