Libros que hay que releer: «Águilas y cuervos», de Pauline Gedge

Libros que hay que releer Aguilas y cuervos, Pauline Gedge

Hace ya unos cuantos meses se me ocurrió comprobar si todos esos libros que han dejado huella en mi memoria, los que me descubrieron mundos, me abrieron de par en par la mente y llevo años recomendando, se merecían de verdad tanta admiración.

Al cabo, lo sabes de sobra, no es lo mismo leer un libro a los quince que ahora, que ya tenemos una edad: de joven todo es más impresionante, más fresco y deja una huella mayor. Somos más impresionables y tenemos el gusto menos formado. Y eso, claro, tiene sus riesgos: ¿y si nos hemos pasado la vida recomendando libros que no lo merecen, o no lo merecen tanto?

Por si acaso, para comprobar si esas lecturas seguían tan vivas como cuando las devoré por primera vez, me he puesto a releer muchas de ellas. Con resultados dipares: en algunos casos me he llevado decepciones considerables y me he preguntado cómo diablos pudo haberme gustado tal o cual lectura alguna vez; en otras he disfrutado de nuevo, aunque de una forma menos intensa; en otros casos, sin embargo, el goce de la lectura me ha vuelto a asaltar, tan vivo e intenso como hace años.

De algunas de estas relecturas, de las mejores, ya te he hablado en este blog. Ahí están el extraordinario Mecanoscrito del segundo origen, de Manuel de Pedrolo, la fascinante: El enamorado de la Osa Mayor, de Sergiusz Piasecki o la poderosa Filomeno a mi pesar, de Gonzalo Torrente Ballester. Hoy sigo con otro de los grandes mitos de mi juventud: Águilas y cuervos, de Pauline Gedge...

 

Águilas y cuervos, Pauline Gedge

Águilas y cuervos

Tras la conquista del emperador Claudio en el siglo I, las tribus celtas de Albión ven cómo la pax romana los despoja de sus tierras e intenta acabar con una antigua cultura cuyos rituales y ofrendas desagradan al invasor. Pueblo de artesanos y guerreros donde las mujeres combatían igual que los hombres y el honor representaba el máximo valor, los habitantes de la nueva Britania comprenden que solo la unidad les permitirá oponerse a la todopoderosa águila romana. Liderados por Caradoc, jefe de los catuvelaunos, y con el apoyo de los druidas, custodios de la sabiduría secreta, los cuervos celtas se repliegan al oeste para iniciar la resistencia. Pero el orgullo y la pasión de los individuos inciden, una vez más, en el curso de la Historia. Traicionado por un antiguo amor, Caradoc es capturado y desterrado a Roma, donde ha de sobrevivir en la corte imperial. No obstante, su lucha se perpetúa en la persona de Boudica, que se enfrentará al brillante general Paulino.

 

En este caso, no tenía muchas dudas sobre si me iba a gustar o no. Águilas y cuervos me había dejado en su primera lectura una impresión tan viva que me resultaba difícil imaginar que no se viera corroborada.

Fue esta novela, leída a principios de la década de 1980, la que me descubrió el mundo de los celtas y me metió en el cuerpo la fascinación por los druidas, las tribus y los dioses de la Edad del Hierro. Recuerdo que tras terminar su lectura mi cabeza de escritor hervía, y que durante un tiempo me dediqué a leer cuanto caía en mi mano sobre los celtas, con la difusa idea de escribir una novela similar ambientada en Galicia.

Ahora entiendo mucho mejor que entonces el porqué de aquella atracción: Pauline Gedge sabe conseguir que el lector se zambulla en el mundo que está creando, sabe traer a la vida ese universo. Recrea con precisión no solo la vida material y el entorno en el que se desarrollaron esas vidas, sino también, y ahí está la clave, el universo mental, las concepciones y creencias, la forma de ser y de estar en el mundo de las antiguas tribus britanas.

Pauline Gedge recrea con precisión no solo la vida material y el entorno en el que se desarrollaron esas vidas, sino también, y ahí está la clave, el universo mental, las concepciones y creencias, la forma de ser y de estar en el mundo de las antiguas tribus britanas.

Águilas y cuervos, además, es una novela con una considerable carga épica: el enfrentamiento entre las divididas tribus celtas y Roma, el gigante del momento, es una lucha a muerte entre dos formas opuestas de entender la vida, y es también una gesta de largo aliento que hace soñar al lector con un mundo ya desaparecido. Y le hace preguntarse también cómo habría sido ese mundo si el inevitable final hubiera sido otro. De la mano de Caradoc, Venancio y Boudica asistimos al desesperado intento de los britanos por derrotar al coloso romano.

No, no me ha decepcionado: Águilas y cuervos es una novela para disfrutar, para soñar y para despertar el gusto por la historia, indispensable si ya eres prisionero o prisionera de la fascinación por los celtas.

Ahora, con los años, descubro que no es perfecta: ahí está ese final un tanto apresurado, como si la autora, después de setecientas páginas, hubiera agotado las fuerzas, pero da lo mismo: sigue siendo una lectura imprescindible, una de esas novelas que nos descubren mundos.

 

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