«El río de la luz», de Javier Reverte: tras los pasos de Jack London

El rio de la luz, Javier ReverteLa reseña de hoy es muy especial. La escribí dos días antes de que Javier Reverte falleciera. La noticia me afectó, pues Reverte es uno de mis autores de referencia, un viajero infatigable y un escritor capaz de desnudar el alma de un país en sus páginas. Todo ello se ve muy bien en este libro, que es sobre todo un texto optimista y vital. Un magnífico testamento de un maestro al que echaremos de menos. Sin sospecharlo, al escribir esta reseña estaba escribiendo también su elegía. Que así sea.


Alaska es un territorio legendario. Uno de esos territorios míticos que viven en la imaginación de quienes seguimos siendo niños. De los que seguimos amando la épica y nos dejamos deslumbrar por el resplandor del fuego del campamento en una noche estrellada. Alaska —y la fronteriza Canadá— es el territorio de los buscadores de oro, del río Yukón, del Klondike y de Dawson City, es la tierra de Colmillo Blanco y, cómo no, la de Jack London, el autor que, también él buscador de oro, mejor reflejó la epopeya de la fiebre del oro de 1896.

Alaska, gracias a Jack London, está incrustada en el corazón y en la imaginación de cuantos amamos la aventura, siquiera en los libros. De los que de chiquillos devorábamos las páginas de La llamada de lo salvaje y soñábamos con tener por compañero un perro como Buck. Y Javier Reverte es uno de nosotros. También él de niño soñó con Alaska y con el oro, con la aventura y con los bosques infinitos del Canadá.

Reverte, al igual que nosotros, se ha pasado la vida sintiendo nostalgia de un territorio que nunca había visto. Hasta que, harto de añorar lo desconocido, decidió seguir las huellas de Jack London y recorrer Alaska...  

 

El rio de la luz reverte

El río de la luz, de Javier Reverte

Siguiendo los pasos de Jack London, Reverte navega por las costas de la Columbia Británica canadiense hasta alcanzar el nacimiento del río Yukon, del que recorre setecientos cincuenta kilómetros en canoa. Con sus más de sesenta años, Javier aprendió a manejar con destreza la canoa y durante una semana remontó el río en intensas jornadas de más de ocho horas de navegación.
En Alaska, cruza las tierras donde el famoso pistolero Wyatt Earp se enriqueció con el juego durante la fiebre del oro, hasta los territorios del sur, donde señorean los gigantescos y peligrosos osos grizzlies. Tierras de áspera belleza y nombres legendarios.
El regreso empieza con el tren transcanadiense, que discurre paralelo a la frontera estadounidense, entre Vancouver y Quebec, y luego a bordo de un carguero, que cruza el océano de Montreal a Liverpool.
Con El río de la luz el escritor muestra una vez más que es el gran maestro español de la literatura de viajes. En sus páginas se encuentra esa singular cualidad de Javier Reverte que hace que los lectores nos sintamos muy próximos a él, como si fuera un amigo que nos cuenta apasionantes historias en una charla junto al fuego.

 

Hay que tener arrestos. Javier Reverte, pese a haber cumplido ya los sesenta años, no se contentó con recorrer Alaska cómodamente instalado en un barco, o un avión, o un coche: decidió subirse a una canoa y recorrer setecientos cincuenta kilómetros del río Yukon hasta Dawson City, el destino de miles de buscadores de oro, siguiendo el mismo recorrido que estos habían seguido más de cien años atrás.

El resultado es un libro luminoso, un canto a la vida y a la superación personal, un recorrido por la geografía y la historia de una tierra deslumbrante, plagada de osos, montañas, glaciares y paisajes duros y hermosos como el mismo hielo. Con gran acierto, Reverte va alternando la narración de su propio viaje con la historia de los buscadores de oro, la del propio Jack London y las de los estrambóticos personajes, llegados de todo el mundo, que inundaron los hielos de Alaska tras la quimera del oro.

El resultado es un libro luminoso, un canto a la vida y a la superación personal, un recorrido por la geografía y la historia de una tierra deslumbrante, plagada de osos, montañas, glaciares y paisajes duros y hermosos como el mismo hielo.

Si has leído ya algún libro del autor, poco más tengo que decirte, pues Javier Reverte es dueño de una voz propia y un estilo fácilmente reconocible, cercano, que rezuma humanidad y sensibilidad, hasta el punto de que sus libros de viaje, como su magnífica trilogía sobre África, se leen como si de una novela se tratara, con la misma fascinación y ansia de saber.

Este es uno de esos libros que descubren el alma de un país, uno de los imprescindibles tanto si sueñas con viajar algún día a Alaska como si solo quieres revivir esa sensación de maravilla de cuando eras un infatigable lector, o lectora, de novelas de aventuras...

 

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