Persiguiendo paraísos: Teixedal de Casaio, el bosque perdido

Teixedal de casaio, el bosque perdido

En furgo o en avión, en coche, a pie o con la imaginación: viajar dibuja mundos en nuestra piel.

Hay ocasiones en que las distancias se estiran y se retuercen como un argumento en boca de un jesuita. El itinerario puede indicar que solo faltan cinco o diez kilómetros para la meta, pero la realidad se muestra mucho más tozuda, como si la naturaleza conspirara para mantener oculto su tesoro.

En esos casos, cuando nuestro destino parece tan esquivo como las nubes en el desierto, solo nos queda apretar los dientes, asegurarnos las correas de la mochila y seguir adelante, un paso y otro más, con la esperanza de que al final, tras ese último recodo, culminemos nuestro viaje.

Nuestra meta era el Teixedal de Casaio, el único bosque de tejos que queda en Galicia y el mejor conservado de la península ibérica: un asombroso vestigio de épocas pretéritas, de cuando, hace millones de años, durante el Terciario, grandes bosques muy diferentes a los actuales cubrían la Tierra.

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Badajoz, la ciudad en la frontera

Mis otros viajes. Badajoz, la ciudad en la frontera

En furgo o en avión, en coche, a pie o con la imaginación: viajar dibuja mundos en nuestra piel.

Hasta mi viaje por la España olvidada del año pasado no había estado nunca en Badajoz, pero si algo tengo claro es que Extremadura me gusta entera: la de las dehesas interminables y la de las sierras montañosas, la de los pueblos y la de las ciudades, la natural, la cultural y la histórica. Extremadura es un paraíso y Badajoz una de sus joyas menos conocidas.

—¿De verdad no la conocéis? Pues no sabéis lo que os perdéis... —Llevo unos días recorriendo Portugal con unos amigos, por una vez sin furgo, cuando me doy cuenta de que del otro lado de la frontera estaba Badajoz.

—Pero este es un viaje por Portugal, Fran... —dudan, los muy inocentes.

—Ya, pero la historia de este país no puede entenderse sin Badajoz —suelto el cebo—. ¿No habéis oído hablar de lo que pasó en la dehesa de Cantillana? Está solo a veinte kilómetros de aquí...

Llegados a este punto, mis amigos se dejan convencer: saben que de todas formas les voy a contar la historia, y ya que no les queda más remedio que escucharla, al menos hacerlo in situ.

El tiempo no nos da para recorrer la provincia, me habría encantado hacerlo, pero sí para pasar dos días en la ciudad. Una rápida búsqueda de hoteles para escaparte en Badajoz nos permite localizar uno céntrico, cómodo y muy apetecible, así que allí nos vamos.

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Déjame que te cuente: el castro de Borneiro, la ciudad del fin del mundo

Dejame que te cuente. El castro de Borneiro

En algún lugar perdido de la Costa da Morte, en la tierra de las brumas y los mares salvajes, de las gentes recias y los ríos feraces, se esconde una ciudad. Ahora le dicen castro, pero ella siempre se supo ciudad.

Hoy, la «cibdá» de Borneiro está rodeada de bosques, escondida bajo el verde perenne de las tierras del norte, agachada, como si fuera presa de un ataque de timidez, como si buscara en el silencio el reposo de los siglos. Pasa los días ensimismada, arrullada por el canto de los pájaros, hollada por las pezuñas de pequeños animales.

Sin embargo, hubo un tiempo en que aquí vivió un pueblo orgulloso y capaz, hombres y mujeres que amaban la naturaleza y adoraban las fuentes, los árboles y las piedras.

¿Todavía no conoces este indómito lugar? Pues déjame que te cuente…

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Déjame que te cuente: la fortaleza del Castro, la historia olvidada de Vigo

Dejame que te cuente, la fortaleza del castro de Vigo

Ahí la tienes, soberbia y humilde a un tiempo, acogedora y vigilante, en lo alto, la fortaleza del Castro. Si vives en Vigo, seguro que la has visitado en numerosas ocasiones, quizá para disfrutar de las hermosas vistas que ofrece, quizá, por qué no, para pasear con aquella tu primera pareja, cogidos de la mano… ¿Te acuerdas? No, seguro que entonces no te fijaste, ¡en qué tendrías la cabeza!

Si eres de fuera y has visitado Vigo en alguna ocasión, apuesto a que también has pisado sus viejas piedras y has disfrutado de sus senderos. ¡Es un lugar tan apacible, tan agradable!

Pero, ¿la conoces realmente? ¿Sabes algo de ella? ¿Sabías que fue construida para defender la ciudad de nuestros vecinos y hermanos portugueses? ¿Que fue bombardeada duramente por los ingleses y que sus muros fueron testigos de tragedias largo tiempo silenciadas?

¿Todavía no conoces la historia olvidada de este apacible lugar? Pues déjame que te cuente…

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Déjame que te cuente: A Cántara da Moura

Cantara da Moura En el extremo oriental de Galicia, perdido entre altas montañas, antiguos valles glaciares y densos bosques de rebollos, abedules, serbales o acebos por los que asoman, casi con timidez, pequeñas aldeas diseminadas que parecen vivir en una calma eterna, se esconde un lugar que brota directamente de las leyendas.

Muy cerca del embalse de Prada, a un paseo de la capital municipal, A Veiga, aparece de repente uno de esos rincones en los que el agua ha ido erosionando la roca, con paciencia de siglos, hasta formar un laberinto natural de cuevas, pasadizos y piscinas. En este tramo perdido del río Corzos se halla A Cántara da Moura, un lugar al que las muchachas que cuidaban del ganado solían acudir a descansar y refrescarse. Al parecer, por aquí, en alguna cueva subterránea, vivía una hermosa moura…

¿Todavía no conoces este misterioso lugar? Pues déjame que te cuente…

 

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